Piromanos de la Oscuridad

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"...LLEVAR UN ESCUDO NO SIGNIFICA QUE ERES DEBIL, SIGNIFICA QUE TIENES ALGO O ALGUIEN A QUIEN PROTEGER."

11 de mayo de 2013

LA CUESTIÓN DE LA INCLUSIÓN SOCIAL


 " La Inclusión social no sólo significa paliar las penurias materiales de la
gente sino romper las inmensas barreras sociales que la misma
 sociedad y el Estado han arraigado. "


En los últimos tiempos, una no tan nueva idea se ha conceptualizado e incorporado a la terminología de la sociopolítica como respuesta a la desigualdad socioeconómica que desgarra a muchos países en vías de desarrollo; la Inclusión Social.



Para ser sinceros, en una sociedad perfecta no deberíamos hablar de inclusión social, pues  hacerlo es aceptar que hay exclusión social, sin embargo, como no podemos negar la realidad, tenemos que aceptarlo. En Sudamérica, y en el Perú particularmente, la exclusión es una enfermedad hasta ahora sin cura. Por ello, la inclusión social nace como el remedio que busca combatirla. Así, esta vieja idea con nombre nuevo, engloba los retos que tienen los gobernantes de generar mayores oportunidades para su pueblo, logrando así el desarrollo integral de cada uno de sus habitantes.
Si la inclusión, como hemos dicho, se contrapone a la exclusión, entonces, la inclusión social es una forma de participación efectiva en una democracia, que requiere de la implementación de políticas públicas orientadas a la igualdad de oportunidades, para que así exista una relación positiva entre los ciudadanos y los beneficios que se adquieren producto del crecimiento. Por ello, la inclusión social, es un proceso social, tanto individual como colectivo, que permite obtener una mejor calidad vida. Por otro lado, la exclusión social, su antagónico, siempre ha existido en el mundo, y no necesariamente es monetaria. No obstante, la exclusión económica es uno de los cimientos de los demás tipos de exclusión.
Si hablamos un poco de los orígenes de la inclusión social tendríamos que remontarnos a Europa, pues, con la aparición del Marxismo, se obligó al liberalismo a  reformularse; así nació el Estado Social del Bienestar. Con este nuevo programa se ampliaron derechos sociales e individuales y se proporcionaron  mayores  servicios y garantías sociales para el pueblo. Los principales objetivos fueron reducir la pobreza, el desempleo y la inseguridad social, combatir la enfermedad, disminuir la crueldad penal, abolir la esclavitud y otras formas de servidumbre, acabar con la discriminación racial y religiosa, equiparar las diferencias inmensas de clase, ahora llamadas estratos sociales y, por último pero no menos importante, aumentar las oportunidades de educación. A razón de lo dicho, encontramos en el Estado del Bienestar la primera expresión de inclusión social, que no forzosamente es un modelo a seguir pero tampoco es un patrón negativo, dado que los aparatos sociales del Estado del Bienestar, ahora casi desaparecidos a raíz de la crisis y de la austeridad europea, no tienen comparación con la política de inclusión social peruana. La diferencia radica principalmente en la táctica;  la educación de calidad.
Hablemos un poco de nuestro país. En el Perú, que adoptó el modelo liberal capitalista, existen minorías y grupos sociales extensos que no gozan de los beneficios que otros tienen, ni mucho menos gozan de los derechos necesarios para poder subsistir. Es decir, no es una novedad que la exclusión  persiste incrustada en el seno de la sociedad peruana (por más reportes de reducción de pobreza que aparezcan), que limita las posibilidades de interrelaciones personales, que niega el disfrute de servicios básicos y que, fundamentalmente, restringe las oportunidades de desarrollo social de mucha gente manteniéndola eternamente postergada. Si a esto le sumamos que en el Perú ha existido y existe (aunque algunos quieran negarlo) una desigual lucha de clases, nos damos cuenta que las diferencias sociales contribuyen innegablemente a la exclusión social. Y es que, lamentablemente, las clases acomodadas, sin compasión alguna, marginan con indiferencia a los desposeídos, condenándolos a vivir una vida miserable, una exclusión perpetua y desgarradora, un juicio sin defensa, o sea, una sentencia sin clamor.
Según algunos exponentes del modelo liberal capitalista limeño (que ni siquiera han leído a Adam Smith), la desigualdad no es culpa de ellos sino de los que no aprovecharon las oportunidades que da la libertad (seres sin iniciativa les dicen a los pobres). Al entender mal el concepto de libertad la gente se hace intolerante. Para mí, la libertad significa igualdad, o acaso, ¿se puede ser libre cuando se depende de las migajas del amo?, ese es el gran drama de la realidad peruana. Por lo dicho, es importante entender que para que desaparezca la exclusión social tiene que existir un sistema político que esté encaminado a la equidad de oportunidades tanto en el pueblo, en el Estado y en las empresas. Esto nos indica que la inclusión social es tarea de todos. Es fácil: Si la democracia no es inclusiva no es democracia; si el Estado no es inclusivo es un Estado sin alma, que no se preocupa por su principal activo que es el pueblo; y si las empresas no son inclusivas seguirán siendo máquinas de hacer dinero sin fines sociales. Considero que si algo sale de la sociedad debe regresar a la sociedad. Me explico: Si alguien obtiene beneficios debe hacer que estos regresen en parte al lugar donde se obtuvieron. (Por favor, nadie vaya a pensar que lo que hacen las mineras es inclusión)
Ahora bien, la pobreza es obviamente un factor de la exclusión y luchar contra ella es en buena cuenta inclusión. Eso está muy bien, el problema es cómo se lucha,  ¿quién les ha hecho creer  a los gobernantes que la pobreza (incapacidad económica) se supera a través de programas sociales asistencialistas? Es una burla intentar hacer creer al pueblo que los problemas sociales se resuelven atenuando el hambre, eso es atacar los efectos pero no las causas. Pienso que la miga también es exclusión y la exclusión es una forma de opresión ya que, para oprimir, no es necesario mandar tanques sino basta con el olvido y el “chorreo”. Esa es la forma de opresión más bestial, la que más duele.
Con respecto a la inclusión social peruana, tan proclamada en campaña por el actual gobierno, es una pena que se haya visto reducida a más de lo mismo, esto es, a hacer todo lo contrario a una inclusión de a verdad. Una vez más digo: La Inclusión social no sólo significa paliar las penurias materiales de la gente sino romper las inmensas barreras sociales que la misma sociedad y el Estado han arraigado. Por eso creo que este gobierno, al aplicar las mismas políticas que sus tres antecesores, terminará ampliando las barreras sociales. La inclusión social no solamente es distribución asistencialista de recursos sino lucha contra la discriminación, lucha contra el  analfabetismo, lucha contra la falta de oportunidades en educación y empleo, y por último, lucha contra el rechazo social que contribuye a obstaculizar el goce de espacios, derechos y relaciones, los cuales son el único medio para lograr una verdadera inclusión.
Para ir culminando, en una sola palabra, la inclusión es LUCHAR, porque la vida es una lucha diaria. Para vivir y sobrevivir hay mucha gente que tiene que luchar, ¡ayudémoslos!
Cambiar esta triste realidad es una lucha que nos debe involucrar a todos (Estado, pueblo y empresa). Introduzcamos a nuestra forma de pensar y vivir la idea que tenemos que empezar a sembrar  las semillas que nos permitan cosechar un nuevo Perú, en donde exista una reivindicación histórica para los postergados de siempre. Para ello, se debe reformar el modelo económico haciéndolo más noble en aras de un nuevo orden social que reduzca la brecha de desigualdad cada amanecer; no me refiero a quitar para dar sino a producir para nivelar. La inclusión no se logra regalando dinero sino generando empleo digno. (No me vayan a decir que la inversión privada hace eso, pues los salarios que pagan no cubren la canasta básica familiar y, en ese sentido, fortifican la exclusión).
Después de haber hecho un ligero análisis sobre la cuestión de la inclusión social, creo que sólo será efectiva si vemos más allá de lo que nos hacen ver y si tomamos conciencia de que la educación es un factor trascendental para combatir la exclusión social. Ergo, la inclusión tiene que estar dentro de políticas de Estado  que brinden la mayor cantidad de oportunidades al pueblo;  no sólo se trata de distribuir riquezas sino de dar herramientas necesarias a sus habitantes para que exista inclusión, esa herramienta se llama EDUCACIÓN.
Señores gobernantes, ¿por qué luego de más de una década de “crecimiento galopante y sostenido” la educación escolar y universitaria  sigue siendo una de las peores de Sudamérica? ¿Por qué no hacen inclusión invirtiendo en educación?, ¿A qué le tienen miedo?, ¿Será que el establishment  le teme a que la gente se eduque, a que se haga culta, a que  reclame sus derechos y a que no los elijan nunca más?… ¡Eureka! - Editado por Sergio Ramos.-

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